Cómo levantar una chica por la cintura

ejercicios para la cola, cintura, y piernas . Ayuda, cómo hago para hacer que mi cintura sea más pequeña, para lograr levantar y tonificar cola, piernas, y como lograr que mi abdomen se vea plano, ya que tengo el vientre algo marcado pero aun está esa pancita que sale de lugar y necesito que me […] El problema es la gravedad, y la solución es simple: usa tus brazos viriles para sostenerla por los muslos. No le estás dando un abrazo a tu pareja, la vas a cargar. Sé que en las películas se ve apasionado y sexy cuando un hombre sostiene a una mujer por la cintura y la levanta del suelo. Presionando la cintura hacia la superficie, tirando de las rodillas hacia el pecho, sin soltar la pelota. Las nalgas se levantan, los músculos de la parte inferior de la prensa trabajan, no los brazos. Repita el ejercicio de 12 a 20 veces en 3 series. 4 Ejercicio oblicuo abdominal Toma la mancuerna. En cuanto ambos pechos queden como el tamaño de un globo terráqueo, su mujer comenzara a levantar vuelo, así que apresúrese y utilice una ves mas, el cañito de goma, atando a su mujer por la cintura, para luego llevarla como cual niño feliz con su globo nuevo y soltarla para que emigre como las golondrinas. Se llama Cathie Jung y tiene una cintura que mide 11 pulgadas (27,9 cm). Ostenta el Record Guinness 2011. Su marido, Bob, siempre le pidió que redujera su cintura, y por eso usa corset desde la década del ‘50. Lo lleva las 24 horas y tiene más de 100, muchos de ellos con tiras ajustables, por eso se la conoce como “la reina del corset” Cómo abrazar a una chica. Abrazar a una chica es a la vez excitante y aterrador. Si eres como la mayoría, probablemente estás estresado por asegurarte de hacerlo bien - por lo que se siente como que te preocupas por ella, en lugar de... Haz que una amiga haga ejercicio contigo para mantenerte motivada. Incorpora una rutina de entrenamiento de fuerza dos días a la semana. El entrenamiento de fuerza acelera tu tasa metabólica en reposo, por lo que quemas más calorías. Concéntrate en obtener una rutina de entrenamiento de fuerza para todo el cuerpo. Sé cauteloso al levantar a una persona en público. Existen muchas razones para que a una chica le desagrade que una persona la cargue en público. Algunas personas están incómodas con las muestras de afecto en público. Asimismo, no querrás exponer por casualidad su ropa interior mientras la cargas si ella tiene una falda corta.

Sal de Amanecer - Parte 1: Capítulo I.1

2020.04.26 06:04 DanteNathanael Sal de Amanecer - Parte 1: Capítulo I.1

Así termina el día: el reloj da la última hora sobre su circunferencia y reinicia, pero él, reflejado en el centro, lo único que puede ver es cuánto tiempo ha perdido.
Detrás del vidrio circular, vector mayor y menor del tiempo apuntan rectos hacía el opaco cielo. Desfigurados claustros posthervoreos avanzan lentamente en fila bajo la fría atmosfera de las ultimas suelas anuales de Leo. En las sonrisas de luna que logran aparecer de vez en cuando entre las grietas de la troposfera, se puede oler el petricor proveniente de la naciente Aura, cortesía de la recién bautizada Katia, vanidosa hija del vórtice tropical buscando la manera de tragarse en sus cabellos efluentes la luz del Sol, para escupirla fría, difuminada y obscura—Coyolxauhqui en el reino de Tonatiuh, imponiendo desde el ojo de su vientre atmosferas extranjeras con apocalipsis en mente, despertadores para los oxidados engranajes del mecanismo tectónico.
Debajo de todo, por fin arriba, él espera . . . no hay nada, ni tampoco ha llegado a su cuerpo. Cierra los ojos por pequeños lapsos que culminan en un esfuerzo por mantenerse despierto cambiando de posición, solamente para cerrarlos otra vez y hacerlo de nuevo. La noche cae en el horizonte lentamente, el invisible manto de estrellas moviéndose silenciosa mientras los sifones oculares, pupilas negro esterlino, llevan esa luz que hace posible verlos al reino de la inconsciencia, la promesa de vida progresivamente desvaneciéndose estrella a estrella, bulbo a bulbo, interruptor a interruptor. La cantidad de silencios a su alrededor crecen, los pasos del Sueño cada vez más audibles juntos con las campanitas llenas de almas chocando entre si paso a paso . . . el deseo de pertenecer a ellos aumenta, pero el brillo cuadrangular pide un poco mas de compañía. Y con un largo bostezo Somnolencia llega, y con ella . . .
. . . llega un bólido balido expulsado del interior de alguna casa vecina, atraído por la fina influencia de sus oídos. Refunfuña tal Caguamo, meneando la cabeza exhalando frustración en torrentes sincopados a las flautas tocadas por el viento entre árboles, edificios y telarañas de cobré y PVC. Deseando reanudar su ritual con ella, quién ya ha vuelto a la seguridad de las sombras, sin saber a estas alturas de su vida una manera constante de atraerla de nuevo cuando quisiera, y sin una vibración reciente en su mano, comienza a platicar con Caguamo, como ya es costumbre, que lo espera, con un poco de frío, en la base de la plegable escalera de aluminio que uso para subir a la azotea.
"¿Qué piensas de las ovejas, 'Wamo?"
"¡Aarf! Ggrarf, arf aarf raff . . . Raf."
"Claro, si son deliciosas, ¿pero alguna vez has visto una?—viva, no en carnitas, digo—no te parecen un tanto, no sé, ¿estúpidas? ¿inocentes?"
Caguamo levanta su rostro confundido, pequeños aglomerados de hielo hay en sus bigotes, hacia su dirección. No había comentado nada sobre su sabor . . . pero claro que lo amaba. El olor característico de un domingo, con todo y sus meteorológicos tintes religiosos, volviendo el aire más pesado, difractando la luz en un espectro más cálido, colores para algunos hogareño, que llenaría sus corazones de calor con tan solo recordarlos, pero para otros el más simple y doloroso indicador de su soledad. . . . Para nada. Caguamo compartía con su compatriota humano el dolor auditivo que era aquella nueva inquilina, con la furia propia de un chihuahua.
Dentro de las sombras, el panorama cae. Los antenados, cableados y apilados bloques negros del horizonte pronto y lejano, melenas construidas de borrosos aluzamientos y brillantes bocas poligonales adornando las caras de planas obscuridades, caen hacia arriba, inversa gravedad circadiana del profundo y fluido negro que ella ha derramado con un beso entre la superficie de sus ojos y el anverso de sus párpados. Al chocar con las magmoides nubes prekatianas liberan paquetes electromagnéticos atrapados en altas estacas de acero, vibrando al llegar a su celular, movimiento periódico que quizás no en fuerza, pero si en ritmo, es indistinguible del rebote asiento-trasero del puñado de pasajeros sentados en el metro. Todos, despiertos o no, recorren alabeadas e invisibles guías al destino de siempre . . . ¿Por qué habrían de dudarlo? En la ceguera impuesta por la subterraneidad (que dos días antes había celebrado su cuadragésimo octavo cumpleaños) las sensibilidades autogeolocalizadoras necesarias para notar que efectivamente, así como al dormir, flotando en los vientres del Sueño, el rumbo, el final, habían cambiado bruscamente por capricho de Alea, eran inmensamente escasas. Dormidos a la mitad, tan cerca y tan lejos de descansar en paz, frunciendo seños, formando sonrisas, asfixiándose a efecto retardado es su apilación horizontal, son llevados a un lugar que reconocen como el mismo, pero que no podría estar más lejos de serlo.
Las ofrendas de todos los alabastrones presentes se alzan hacía los ventiladores negros.. El sonido generado por el vórtice es solamente audible cuando el metro se paraliza en miedo, junto con todos adentro. Buscan quedarse callados, el más mínimo sonido puede ser malinterpretado. La respiración disminuye, las lenguas paran de moverse en sus cavidades bucales, los audífonos empiezan a susurrar, aquella comezón debe de esperar . . . ¿esa luz estaba parpadeando cuando subí? La obscuridad del túnel empieza a multiplicarse, extendiendo su cuerpo en contra de las ventanas, crujiendo, vibrando . . . nadie parece notarlo, pero, pero, lo oyen, ¿no? Cada vez todo se hace más fuerte. . . . Es . . . no no, solo es el reflejo de sus audífonos en la ventana. Ja. Juré que era un rostro afuera de la ventana . . . está dentro, ¿no? ammm, no . . . algo definitivamente se acerca . . . viene de muy lejos, corriendo por el túnel, trayendolo consigo . . . si, los oigo, oigo sus dientes castañeando de hambre, deletreando mi nombre en sus estómagos. . . . Aquí vienen. . . . Un gran borrón naranja pasa hecho la Mocha por las ventanas, silbando crujiendo, cientos de siluetas difuminadas entre si derritiéndose por la velocidad en la obscuridad de su anonimato . . . nada fuera de lo usual. Mira todo pasar, suspirando en alivio. Vuelve a cerrar los ojos. Por lo menos hasta que oye el rechinido de los frenos. Cara a cara, no se atreve ni a ver los reflejos que piden un poquito de sus ojos, una mordida visual, un grito inaudible clamando por digestión cerebral . . . siente que algo se abre paso sobre el mar capilar, sale por la ventana y aterriza en el techo con un estrudendo. Lo único que puede oír es el ventilador succionando sobre al aire que exhala pesadamente. Sudor empieza a ser secretado, el calor aumenta hasta que algo sobre ella empieza a decir, un susurro encantador, un gran siseo, mientras todo yace unánime y petrificado, "Si recuerdas qué es la luz al final del túnel, ¿no?" Ella no responde. "Parece que no . . . que lástima, pensé que lo recordabas." Trata de alertar alguien, pero todo está hecho piedra, incluso ella, de la cabeza para abajo, su miedo y eso lo único con aparente permiso de moverse. "Aura, Aura . . . la luz al final del túnel es otro tren . . . la luz al final del túnel—" Por fin logra alzar la cabezs, sumida en miedo, sudor y desesperación, en el momento exacto para ver cómo el ventilador ya no está girando, y entre la rejilla desciende rápido como la Miseria, "—s o y y o."
Al fondo del vagón, visibles a través de un infrecuente valle de espaldas, dos hombres se saludan con los puños, uno de ellos silbando la melodía de Mi destino fue quererte. Sin soltarse, el otro, vestido de azul, mangas arrugadas y recogidas hasta el codo, revelando un reloj en cada muñeca, empieza a cantar “. . . maldigo al amor.” Sus manos empiezan a bailar en el reducido espacio que tienen. Muchos empiezan a sentirse incomodos, no están acostumbrados a ver la felicidad nacer de la nada. Un muchacho empieza a sonreír con ellos mientras que en los altavoces se les da los buenos días a todos con información sobre la estación que se aproxima. Sí, sí, nunca debes de olvidar sonreír. . . . Parece que él pensaba lo mismo hasta que entre gritos inesperados, Aura despierta del trance y logra ver en su cara una mueca para que la tierra se lo tragase, tirando la pequeña sonrisa que había logrado extraer de su interior al aire, el ventilador succionándola . . . pero la tierra ya se los había tragado a todos: el roce de su pene contra las nalgas de un señor habían despertado las fantasías reprimidas de su juventud, liberando a manera de supresión insultos y movimientos para mentarle la madre:
“Para pendejo no se estudia.”
“¿Lo dice por experiencia?”
Pero el peso del Amanecer hunde su rostro y su vigilia de nuevo entre cientos de suaves pelos sintéticos, propios de su almohada—afelpada chaqueta color cobertor, modelo hombro, con olor a suavizante y perfume—dejándola salir seis estaciones después de la planeada. Su destino es la escuela, la maldita escuela.
“¿Si pasaste?”
“Si, y no gracias a ti, maldito ‘storbo,” corriendo a las escaleras, 4 pasos por cada paso de persona normal.
Ring-ring. Extraída de la cama, Alán expide una serie de bostezos indivisibles. Coloca su desnudo pie izquierdo sobre la fría gravedad, espera un segundo, y descansa el derecho sobre la rejilla del compañero delantero. Con una mano silencia la desesperada alarma, con la otra vierte tinta negra de su pluma en símbolos latinos, pigmentos diluidos formando cadenas que denotan en claro-obscuro las ideas recibidas sobre el papel adiestrado. Las lagañas que bordean sus ojos se extienden en trenzas segmentadas hasta la tenue cuadrícula azul con fondo blanco, medio centímetro cuadrado de blancura, treinta y seis por cuarenta y nueve cuadritos, más bordes—blanco como el de su pijama, procediendo a quitársela con sonambulico fervor: primero la camisa, revelando la falta de ropa interior superior, enseguida los pantalones, dejando como huella de su presencia un patrón pintado en carne viva, montañas en contracara a las presentes en el elástico que lo mantenía adherido a su cintura. Todo cayendo a la misma velocidad. Al pasar a la siguiente página, esquina superior derecha, continua cepillándose los dientes, arriba-abajo, escribiendo izquierda-derecha, palabra tras palabra, deslizando sus ya calcetados pies dentro de un cómodo calzado sucio. Primero izquierdo, cruz, orejitas, nudo iniciando por la derecha, otro nudo más, después derecho, lo mismo. Seguridad, firmeza, libertad, alas para volar hechas de nilón y algodón. Finalmente ha acabado, la clase ha terminado y todos podemos relajarnos hasta que arribe otro metro atrasado, trayendo el clima del túnel, los vientos estacionarios presentes en la obscuridad llenando las arcas del andén, aventados a treinta kilómetros por hora más su velocidad natural. Variable. Demasiado variable. Cierra los ojos, no quieres que nadie entre en ellos, no quieres que nadie vea lo que hay en ellos.
“¿Por qué siempre llegan tarde?" Y al verlas tomadas de la mano, Alán añade "—¿y juntas?”
Un par de huh's desentonados y unísonos, lagrimitas de bostezo saliendo de los ojos de Kessandra y la anillada por Insomnio mirada perdida de Aura le responden.
Se toman de las manos en la forma particular de "hermanas" recién reconciliadas. El pulgar e índice de Kessandra formando un anillo falángico que, con sus internas sombras, logra diferenciar los de otra manera indiferenciables pigmentos de sus pieles, PMS P 37-9 C, dinámico a la temperatura ambiental y corporal—la anchura y profundidad de sus pares de ojos el único punto de anclaje del que todos pueden decretarlas como amigas, en vez de familiares, diferentes constelaciones, misma obscuridad.
"¿No han visto qué hora es?" continúa Alán.
Kessandra al fin se atreve a verla—09:07—al levantar la cabeza hacia el cuadrangular reloj sobre el pizarrón. Al bajarla, la punta de su nariz despliega el panel de notificaciones del estratégicamente posicionado celular de Asán, donde antes de retroceder y levantar sus puños, vislumbra debajo de la hora atrasada por un minuto, una serie de mensajes insoportablemente falsos con una tal "Linx", que días antes, vagando por las calles que de alguna u otra manera conectan a la burbuja de existencia de la preparatoria con el mundo exterior, la había visto con él, tomados de la mano, compartiendo con bromas y risas altisonantes una orden de tacos de canasta, frijol y papa por el olor, con un helado de la nevería más cercana, fresa, uva y choco-chips, caminando a una velocidad casi lo doble que la suya hacia Tlalpan.
"Shiinga tu madre, pende—" Entre i'es y e's, burbujea a la superficie de su consciente sensorial el espacio negativo, ciento cuarenta y tres punto ocho por sesenta y nueve punto cinco por ocho punto cinco milímetros, dejado por el vacío que su celular creó en su mochila al saltar de su posesión a la de otro sin su permiso, retribución monetaria o ya de mínimo un "gracias," apagando el final de su oración mientras Aura, ahora libre, camina hacía su lugar. Una mirada registra cada uno de sus movimientos.
Caminando, suelta un suspiro. Todos creen que se trata de un lenguaje pneumático por descifrar, pero nadie se atreve preguntar. Ella misma se ha percatado de esto, por lo que de vez en cuando expira versos de Blake y Lorca en un amateur morse. Pero hoy no se trata de eso, pues al saludar al resto, se pregunta cómo es que llega todas las mañanas sin recordar el trayecto ("¿Qué onda?"), con la ligera sospecha de haber vivido ya éste día ("Hola Aury, te ves preciosa." Ay: "Gracias, bebé.") de manera exacta. ("Hola chicos.")
Al ajustarse los garabatos del pizarrón poco a poco a sus ojos, cree haber leído algo relacionado a lo escrito alguna vez, aunque la memoria visual de un "proceso subconsciente" no puede ser traída a la consciencia, y las palabras "arco reflejo" sólo le recuerden a la entrada de su hogar anterior, memorias de un domingo por la mañana. La sigue mirando.
Con el Sol alcanzando su cénit, montañas apenas visibles, rugir incesante de motores, cláxones, comercio, pasos y risas sobre los pasillos, las paredes haciéndose más chicas con el paso del día, el reducir inquebrantable de la paciencia y los niveles de atención, sobre las empolvadas losas gris penitencia y tras mucho debatir interno, una figura se alza por detrás de los bosques de queratina teñida de colores extracapilares, aproximándose a ella mientras su respiración se hace más pesada.
"¡A!—Aura . . ."
Pausa la escritura, su mirada asciende y desciende al confirmar la forma de la voz . . . y suspira de cansancio. Pero él continúa, titubeando en su nervio-sismo: "¿Cómo e-estás?"
Al recordar lo dicho por su madre, tan repentino pero esperado como un relámpago en medio de la tormenta, Aura se toma firme y bruscamente de la chaqueta blanca de Ródian, usando el impulso para levantarse unos centímetros de su asiento y decirle, en un tono desinteresado y ahogado, cerca de su oreja: "Ah. Hola, Rod."
"¿Recuerdas lo de ayer?"
"No," responde bruscamente, hundiendo los ojos en su siguiente aliento, "no recuerdo ni cómo llegué aquí hoy, mucho menos los días anteriores; ¿qué hay de ti?" Pero antes de dejarlo responder, su madre de nuevo presente, vuelve al tema: "Ammm . . . No. ¿Qué fue lo que dije ayer?"
"Bueno, me dijiste que te sentías sola y querías compa—"
"¡Ahhh! Si."
"Y . . . Y pues—"
"¿Ajá?"
"Quedamos en salir. Además, me dijiste que—"
"¿Enserio dije eso?"
"Ammm. Si."
"Ah . . ."
"—me dijiste que te recordara, porque estabas un poco ebria."
"Creo que no fue solamente un poco, Ródian."
"¿Mande?"
"No, nada . . . Demasiado."
"¿En-tonces?"
"Si, seguro. ¡Ya qué!"
Ródian, un momento sin decir nada, se convulsionaba con tan grandiosa oportunidad. Aura le despertó.
"Búscame al salir."
"Claro."
Aura, Aura, su nombre rondaba incansable en las espirales de su pensamiento. Por un lado, se generaban memorias de posibles futuros, por el otro, con considerable mayor peso, un torrente presurizado de ingeniosa envidia y excelente mentira dejaba caer frente a su tercer ojo las memorias del famoso—por lo menos para él—muro de su hermano. Una pared patronizada con lazos y clavos de los que pendía ocasio-nalmente una impresión de 10x13 centímetros de algún tiempo en el pasado, a pie de recuerdo el nombre de la acompañante en turno, y por debajo la fecha y una aproximación de las coordenadas, tomadas de Gmaps, del lugar y el tiempo donde fue extraído aquel momento. Los lazos varían en color: hay una gran cantidad de rojos, los cuales, retorciéndose en las ápsides de la pared, finalmente regresan, tras separarse en T'es y reconformarse en Y'es, hasta un circular vacío central donde pareciera que habría de colgar una fotografía que aún no había sido tomada; y azules, verdes y negros, brotando en pasajeros callejones, resaltando puntos y fotografías que Ródian no comprendía, pero que su hermano, encantado con su palacio mental exteriorizado, siempre miraba todas las mañanas, para revitalizarlo.
"Una foto de las fotos, eh."
"Así parece ser. Quizás no deberíamos de llamarles fotos, si no capturas . . . engramamos bucles de los cuales no sabemos en dónde está su origen."
"Oye, ¿y si nosotros somos el origen?"
"Mira pequeño . . . Deberías ya estar en camino, migrando hacia las regiones fronta-les, en donde con tus habilidades servirías más para lo que se lleva a cabo detrás de aquellos rangos misteriosos. Y-Y no me digas—"
"Oh, quiero intentarlo."
Sola de nuevo, nota el acre olor originado por la quema de sustancias ilícitas en la calle vecina alcanzándola tras haber envuelto a todo el salón, entrando por la lejana ventana paralela a ella. Había encantados y había asqueados. La plasta azulada leve-mente bosquejada que el Amanecer resalta siempre sus contornos de, al alzarse y transformarse en el Atardecer, ya ha desaparecido por la reducción por contamina-ción del horizonte y su lejanía según el observador. Juntos, función y límite se deslizan en el mismo plano que los anticuados pantalones obscuros del profesor. "Bienvenido 23, por favor, antes del 49. Y 16, al extremo derecho, si es tan amable." Sobre las abscisas siguen corriendo datos y líneas, mientras gira su cabeza hacia la ventana, con asco de frente, ora al pizarrón, ora a su cuaderno, mismo asco, recreando las mociones ritualistas con las que despierta cada mañana, mojando sus ojos con lágrimas que, negándose a correr expulsadas de las órbitas hacia el suelo, hacía el centro de la tierra, empiezan a flotar, haciendo todo el uso posible de su tensión superficial, frente a su visión para contaminarle la vista con atmosféricas imágenes de ella, ésta mañana, frente a su espejo, contorneada por la niebla de su Insomnio. . . . Pues un sueño no sería tan aburrido . . . ¿O sí? Pero ya ha ocurrido tanto, por tanto, que ya no se inmuta mucho . . . No, no, no es la rutina, es que la rutina ya no cuadra dentro de lo que según ella, en algún momento, pensó que la llevaría a ser feliz; la lista de Cosas que valen la Pena hace un tiempo que ya fue olvidada, tanto para agregar, como para tachar, pues ahora la dinámica de su vida funciona a partir de la búsqueda de pretextos para seguir despierta, seguir con su vida de cualquier manera . . . Recuerdos y sueños, pasado y futuro, nunca presente . . . Quizás allí esté el problema . . . Quizás. . . . Y quizás hoy mismo descubra sí, sus sospechas confirmadas, alguna vez ha despertado realmente.
A sus apagados ojos cafés llegan fumarolas expirándose en patrones circulares, llevando su mirada, con cada grado recorrido aumentando el volumen acumulado ya dentro de ella desde hace años de su desesperanza, hacia el típico cuadro en el que se la vive y regocija Alán—que en realidad es la imagen típica de cualquier semipareja que se pueda encontrar en ese lugar, en cualquier salón, en cualquier jardinera, intentos por vencer la manera en la que todo parece perder calor progresivamente, incluso dentro de los corazones de aquellos que juran amarse con todo el corazón—lo que concuerda mucho con él, pues lo único que tiene fuera de promedio es su panza y su altura, ambos sobre la norma.
Vaya.
Aura se pregunta si alguna vez podrá dejar de verla—en realidad, verlas—de esa manera. Se “aprieta” dentro de su pantalón al centrar su vista en nada más y nada menos que en una de sus tantas tontas fantasías de pobre enamorado. Chica original y despampanante. Realmente la quiere, la quiere para esto y el otro. La mezcla de sus simplezas, dadas por ser partícipes de un mismo espectro en género opuesto, le da sabor a todos sus encuentros, encuentros en cuyos rumbos se pinta la orgánica corona de una pura Necesidad de Amor. Trap y reggaetón resonando con rock y hip-hop. Las voces de vodka, tequila adulterado, las famosas y queridas aguas locas, encantan los sentidos con la mirada concentrada de erotismo de unas medias lunas en celo, un movimiento de cadera o de cabello o de ambos, tejiendo y empujando con sus atracciones y sus repulsiones la tan buscada Receta Hormonal. En crestas se dice "son sólo tuyas" y otras tantas invitaciones para iniciar el fuego, en sus valles se ven frondosos abandonos e idas-sin-despedidas, tan originales en argumentos y disculpas, como cuando Alán piensa en cómo se congela cada vez que la(s) ve y cómo se calienta cada vez que la(s) besa, mucho más si le permite(n) un par de toques—aunque no muchos, disculpa, tiene(n) novio. . . . Y piensa que todo ello lo acerca a algún día encontrar a la indicada, aunque no se dé cuenta que solamente, con cada capa de lubricante vaginal de distinta procedencia añadida sobre su cabeza, solo reduce el círculo en donde persigue su propia cola, llegando beso tras beso a un punto donde no tenga más remedio que escoger entre parar a encontrarse o tragarse a sí mismo “sin querer.”
O eso se pinta mentalmente ella, con todos los grises del pantalón de Alán y el azul mezclilla de los ajustados jeans de Linda: colores celestiales familiares de aquel día. Pues . . .
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2020.02.25 17:40 Holykris18 Sueño de los Guardianes - Volumen I Parte 1 - Capítulo 1 El Primer Paso

Todo comienza en un mundo dividido, las personas están llenas de desconfianza, miedo hacia lo incierto que es el futuro, no solo les temen a los monstruos sino a sus semejantes por las atrocidades de las que son capaces. Un joven en harapos y cubierto de suciedad cargando una espada un poco grande y un costal en cada mano se adentra al pueblo en busca de un sastre.
La gente le da las indicaciones correctas, y mientras el joven recorre su camino todos le echan miradas y hablan a sus espaldas. Después de un recorrido corto llega a su destino y en el interior se encuentra con un señor con cabello canoso tan blanco que los ojos del joven los entrecierra al intentar mirarlo directamente.
El viejo sastre suelta una ricilla, señal de estar acostumbrado a dar exactamente la misma primera impresión por mucho tiempo. A diferencia del resto de personas, él ignora la apariencia del joven, y al señalarlo el joven el sastre responde que “En esta línea de trabajo lo primero que ves en una persona es en lo que se puede convertir un cliente. Cada persona es una obra de arte aún por esculpir.”
El joven aprecia su sabiduría y mantiene conversación mientras toma sus medidas. ¿Qué clase de atuendo va a querer? ¿Colores preferidos? ¿Posturas habituales? El joven se queda callado tratando de responder lo suficientemente claro a cada pregunta, la conversación es más un interrogatorio.
“Quiero un atuendo para viajar, que cubra lo más esencial, para resistir el frío, caminar mucho, poder llevar objetos fácilmente. Supongo que azul y negro. Estoy más habituado a tener las piernas un tanto abiertas y mover los brazos, así que tome en cuenta la zona de la espalda alta, las rodillas y la entrepierna.”
Peticiones específicas, el joven ha de tener un objetivo claro, por lo que el sastre pregunta cordialmente. “Eventualmente tomaré el Reto del Monte del Rey y llegaré a la cima del mundo, entonces podré cumplir mis objetivos.”
El viejo sastre afirma que es un suicidio, incluso sus amigos de toda la vida se fueron del pueblo en busca de aventuras cuando jóvenes y jamás volvió a saberse de ellos. Él es el único que ha vivido tanto por tener los pies en la tierra y le pide que sea realista.
“De nada sirve vivir si no intentas por lo menos cumplir con tus objetivos, ya sean sueños o ambiciones.” El joven agradece la preocupación del anciano y le asegura que no es una persona cualquiera.
Además del atuendo, el joven ordena unas cuantas prendas para estar mejor vestido y la ropa es surtida al toque. Del saco que carga con él, el joven le paga al sastre con un pedazo de oro poco más grande que su puño y mientras el pago es contemplado con ojos muy abiertos el joven pregunta sobre el pedazo de tela que está enmarcado en la pared.
El sastre dice que es su mayor tesoro, es un pedazo de túnica élfica, muy resistente y ligero y tiene una gran historia por detrás. El joven pide escuchar la historia y el sastre se emociona al tener la oportunidad de desempolvar su relato.
“Cuando era joven, tan joven como usted, era aprendiz del negocio familiar, mi padre era un excelente sastre, tanto que le llegaban encargos de familias adineradas de sitios lejanos. Un día nos visitó un miembro de la realeza y pidió un atuendo en específico, pero mi padre se negó, pues era imposible conseguir el material más importante.
La reputación de la familia cayó por los rumores que empezaron a rondar, por lo que yo decidí agarrar la bolsa e ir al bosque a conseguir aquello que causó tantos problemas. Fácilmente lo encontré, pero entonces descubrí la razón por la que era imposible conseguirlo, el bosque estaba infestado de monstruos y yo estaba muy adentrado como para salir enseguida.
Estaba a merced de un monstruo muy grande y justo cuando estaba por ser devorado el monstruo cae al suelo, completamente tieso y pude ver que había recibido flechazos. De entre los árboles salió un sujeto cargando un arco y me dijo que corriera por mi vida, pero mientras lo decía el monstruo volvió a moverse y grité a todo pulmón “¡Detrás de ti!” y terminó siendo herido por mi culpa.
Después de rematar con facilidad al esperpento, pude ver claramente que se trataba de un elfo, con las orejas largas, piel muy blanca y de apariencia muy joven. Él se retiró a lo más profundo del bosque y todo lo que pude recoger como recuerdo fue aquel pedazo de tela de su túnica. Nunca llegué a agradecerle por salvar mi vida, pero gracias a eso logré vivir lo suficiente para reivindicar a mi familia.”
El joven escuchó cada palabra con suma atención, le agradeció y preguntó cuánto tiempo tardará su encargo. Un día, por lo que tiene suficiente tiempo para descansar en la posada, asearse y comenzar su viaje con el pie derecho.
Con un pago igual de exagerado, le dan un festín para él solo y la habitación más lujosa, para un pueblo pequeño. En la noche, el joven se la pasa descubriendo lo que es un espejo y hace su mejor intento en quitarse todo vello facial.
Al día siguiente el joven no tarda en empezar a portar su atuendo de viaje, botas de suela dura, pantalones, túnica, chaqueta, guantes largos de medio dedo, además de una alforja en la cintura y hasta le incluyó una correa para cargar la espada en su espalda. Que el sastre tomara en cuenta que el joven utiliza la espada fue un gran gesto.
Mientras el joven habla un poco más con el sastre se escucha un escándalo en las cercanías además de las voces de la gente. Al salir notan que el pueblo está bajo ataque de hombres oso, bestias enormes de 5 metros de altura, y son por lo menos diez de ellos.
El joven se dirige hacia ellos, pero de la nada sale fuego y las bestias son derrotadas de uno en uno, unos cuantos huyen mientras de entre el fuego sale un joven con cabellos rojizos y sus puños envueltos en flamas. El “manos de fuego” se jacta de su victoria, pero uno de los osos se levanta para atacarle por detrás, y súbitamente es azotado al suelo por un puñetazo del joven con espada.
“Oh, gracias por cubrirme. Eres una buena persona.” El “manos de fuego” dice muy despreocupado, pero el sastre se acerca a la escena y pregunta si ellos dos son “adeptos”. Ambos responden afirmativamente y reciben la noticia de que en el pueblo hay repudio hacia los adeptos, por lo que deben retirarse, lejos.
Ellos salen corriendo una vez que empieza a reunirse la gente con horcas y gritando “¡Adeptos! ¡Adeptos!” y el joven no puede evitar grabarse en la mente la imagen del odio que sienten hacia él sin conocerle.
Después de alejarse lo suficiente, los dos adeptos descansan para recuperar un poco el aliento, el “manos de fuego” se presenta como Guilian, un trotamundos que lleva tiempo recorriendo los alrededores. La espada es recostada en el suelo y correspondiendo a Guilian, “Me llamo Chris, recién empiezo mi viaje.”
Guilian no cree que Chris sea un adepto, solo dio un golpe al hombre oso, pero Chris de inmediato le demuestra que se equivoca. Él es un adepto de Tierra, simplemente que no mueve tierra, usa sus poderes para aumentar su propia fuerza.
“No se trata del poder que tengas, sino cómo lo utilizas.” Y Guilian queda un poco intrigado por cómo el poder de la Tierra se vuelve fuerza bruta, pero Chris decide no responder, no es como que se conozcan lo suficiente. Por ello, él invita a Chris a viajar juntos, los dos derrotando monstruos mientras se abren paso al mundo le parece una grandiosa idea.
“Bien, ¿y a dónde sugieres que viajemos? ¿Tienes algo en mente?” pero solo consigue un “Ni idea” como respuesta. Chris sugiere ir al bosque que mencionó el viejo sastre, él quiere hacer algo al respecto sobre el agradecimiento pendiente del anciano.
A Guilian le parece una buena idea adentrarse al bosque infestado de monstruos para encontrar la aldea de elfos que nadie ha confirmado su existencia por más tiempo del que existen los pueblos y aldeas de los alrededores. “¿Lo dices en serio o solo estás siendo sarcástico?” es lo que dice la expresión de Chris al escuchar su idea desde esa perspectiva.
Después de medio día de caminar, los dos llegan al famoso bosque y entran sin considerar que está a punto de anochecer. Mientras Guilian usa sus puños flameantes para iluminar sus alrededores, Chris guía la incursión percibiendo los alrededores con sus poderes de tierra.
Una vez más, Guilian intenta saber cómo usa Chris sus poderes, por lo que Chris cede en esta ocasión. Al intentar controlar la tierra de los alrededores, esa zona es como una parte de su cuerpo, puedes reconocer la forma, posición y todo lo que esté en contacto.
Chris detiene súbitamente a Guilian, asegura que algo los está vigilando, pero de un momento a otro, Chris le advierte que una criatura se aproxima a atacarlos. Él sujeta a Guilian y lo jala para esquivar la embestida del monstruo, revelando su verdadera figura.
Un ciempiés de 10 metros de longitud, completamente acorazado, se postra frente a ellos dos mientras Guilian prepara su fuego para contraatacar, pero Chris lo detiene en el acto, advirtiéndole que su fuego podría incendiar el bosque entero, causando muchos estragos. “Confía en mí, yo pelearé en esta ocasión.” Dice Chris mientras desenfunda su espada y toma postura.
A pesar de lo grande que es su arma, la sostiene con un solo brazo, y Chris sale corriendo directo al ciempiés en una aproximación mutua. Chris se desliza por debajo de la criatura y le brinda un espadazo lo bastante fuerte como para levantar al ciempiés y caer tendido.
Chris no puede relajarse todavía, su espada lo golpeó, no lo cortó, debe encontrar un mejor ángulo para asestarle un ataque crítico. De inmediato el monstruo se levanta y ataca por segunda vez, Chris lo golpea con su puño izquierdo, volcándolo y descubriendo su mandíbula.
Él se abalanza para atacar al mismo sitio, calma su respiración, concentra sus fuerzas en un solo punto, la coraza fue debilitada por el primer ataque, un ataque más fuerte debe terminar el trabajo. Con un espadazo más rápido que la vista, el ciempiés empieza a derramar sus fluidos mientras se retuerce del sufrimiento, atacando a ambos adeptos con su enorme cuerpo.
Chris detiene el ataque, cubriendo a Guilian, con su fuerza aumentada, aunque es difícil resistir por lo resbaloso que está su cuerpo por los fluidos. Mientras Chris aguanta lo más que puede, un proyectil vuela directo a la herida del ciempiés, dejándole un agujero enorme atravesando su cabeza, y cayendo al suelo.
La batalla fue intensa a pesar de durar menos de un minuto, pero Chris no puede dejar de respirar por la falta de aliento, entonces su vista empieza a desvanecerse y cae de cara al suelo. Mientras pierde la conciencia logra ver unos pies aproximarse a la zona iluminada a medida que la voz de Guilian se pierde.
Chris abre los ojos, despertó en una cabaña extraña, y mientras Guilian da un gran suspiro de alivio, las primeras palabras que suelta Chris son para preguntar dónde está su espada. Guilian le dice que está enfundada y en la casa del jefe de la aldea, Chris conecta los puntos, alguien le dio el golpe final al ciempiés, y lo llevaron a una aldea dentro del bosque.
Entran a la habitación unas cuantas personas y los rasgos son evidentes, largas orejas, tez blanca, ojos brillantes, ellos están en la aldea de elfos. Le dan una muy resumida explicación, le salvaron del veneno de los fluidos del ciempiés comehombres con herbolaria y lo trajeron a la aldea, pero confiscaron su espada debido a la naturaleza de la intrusión.
Han pasado dos días desde aquella noche, Chris les da la misma explicación que Guilian, solo son viajeros que tenían curiosidad sobre la legendaria aldea de elfos y que no tienen malas intenciones. Una vez que Chris puede levantarse y andar sin ayuda, pasea por la aldea para ver lo que ninguno.
Los elfos son seres muy pulcros, modales impecables, aire de superioridad intelectual, aunque eso es solo una opinión, pero tienen grandes señales de vivir de la naturaleza, por ningún lugar se ven señales de que traten con carne, son vegetarianos. El recorrido de la aldea de ameno se vuelve monótono, y Chris se aleja a los extremos, antes de adentrarse al bosque.
Una vez que está detrás de la última casa, pregunta al aire ¿cuánto más vas a seguir vigilándome? Aparece de entre los árboles una chica de cabello verde esmeralda largo, sedoso, brillante y trenzado. Chris ahora está seguro, ella es quien remató al ciempiés.
La chica pregunta en qué se basa tal afirmación, la respuesta es clara, Chris notó que su cabello está peinado de tal manera que no obstruya su tiro con arco, además de tener claros hábitos de andar por las ramas, literalmente, se mezcla perfectamente con el ambiente boscoso, y por si no fuera lo suficientemente evidente, ella da exactamente la misma presencia de poder elemental de viento que en aquella noche.
Lo que más llamó la atención de Chris es que ella no comparta ni un solo rasgo élfico, ella se ve demasiado humana como para ser uno de los elfos, pero ella responde un tanto agresiva si él tiene un problema con ello. Al parecer Chris encontró un complejo muy sensible, “Verás, arriesgamos nuestras vidas para encontrar la aldea de elfos y lo más extraño es encontrar a una humana aquí, y más que eso, una adepta. ¿Qué puedo hacer sino encontrarlo fascinante?”
“Pues disculpa, me llamo Tsubaki y perdóname por no ser un elfo como el resto. Además, ¿poder elemental? ¿adepta? ¿De qué estás hablando? Solo soy una humana con artefactos élficos, me permiten usar magia para amplificar las habilidades de mis armas.” Chris le explica, ella usó poder elemental para pelear con su arquería, un adepto reconoce a otro si presencia sus habilidades en uso.
Eso no es como le explicaron a ella durante su entrenamiento, Chris le propone a ella enseñarle sobre el poder elemental, ya que no tiene razón alguna para mentirle u ocultarle información. Ella primero debe sacar información al jefe de la aldea sobre el por qué le han mentido sobre su identidad.
Ambos entran a la casa del jefe, Chris detrás de ella para brindarle apoyo moral y detenerla si la situación se sale de control, después de todo es un asunto muy delicado. Pero el jefe de inmediato los señala y explica que la aldea se encuentra en grave peligro debido a ellos dos.
Derrotaron al depredador alfa del bosque y, aunque sea motivo de celebración, la consecuencia más grave es el cambio del ecosistema. Sin la presencia del ciempiés comehombres la cadena alimenticia ha perdido el equilibrio, el frenesí podría no solo destruir la aldea de elfos, sino expandirse a los pueblos aledaños.
Comprendiendo la situación que han provocado, Chris y Tsubaki deciden cargar con la responsabilidad de sus actos. Guilian entra preguntando de qué trata el escándalo que se escucha hasta afuera y ella lo incluye en el equipo, “Gracias por ofrecerte de voluntario, manos de fuego”.
Ahora el trío de adeptos tendrá que trabajar muy duro por el bien de muchos sin que nadie sepa lo sucedido. Las aventuras siempre serán inesperadas, pero qué es la vida sin algo de misterio.
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2018.06.22 00:45 master_x_2k Colmena IX

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Colmena IX

“Sí, yo”, le respondí a Lung, esperando sonar más segura de lo que me sentía.
“¿Tienen historia?” Murmuró Sundancer.
“Hice que se le pudriera y cayera la entrepierna.”
Ella se volvió para mirarme.
“Accidentalmente.”
“¿Cómo...?” Ella comenzó, luego se detuvo cuando el gruñido de Lung se elevó en volumen suficiente como para hacer girar su cabeza.
Angelica y Judas avanzaron constantemente hasta que estuvieron a cada lado de mí.
“Retrocede, Undersider”, dijo Kaiser desde el otro extremo de la sala, “Mis chicas y yo tenemos esto controlado.”
“¿Lo tienes?” Lo desafié, sin romper el contacto visual con Lung, “porque parece que Lung está en muy buena forma allí. Ya sabes cómo funciona esto, ¿verdad? Él solo se vuelve más fuerte cuanto más luchas contra él. Si todavía no has terminado con él, probablemente no lo harás.”
Lung se rió, bajo y grave. Estiró el cuello para mirar a Kaiser, y me estremecí. Solo su cuello era casi tan largo como mi torso y más grueso en la base, reduciéndose a una cabeza de tamaño más o menos normal. Lo que era más espeluznante era que había doblado su cuello en forma de 'U' para mirar detrás de sí mismo. Era un movimiento que una gimnasta habría tenido dificultades para realizar con su espalda. No pasaría mucho tiempo antes de que simplemente no fuera reconocible como algo que una vez había sido humano.
Los seis matones que estaban reunidos a su alrededor parecían estar tan asustados de él como lo estaban de nosotros.
“¿Qué propones, entonces?”, Me preguntó Kaiser.
“Sundancer y yo ayudaremos”, le dije. Miré a Sundancer, y ella asintió.
Lung se rió de nuevo. “¿Uuu? ¿Ua iia?”
Antes de que pudiera entender lo que acababa de decirme, se lanzó directo hacia mí, pasando entre dos de sus hombres, avanzando a cuatro patas.
Había enviado insectos voladores y avispas a la habitación para ayudar a Perra a buscar suministros, y los dirigí directamente a Lung tan pronto como me di cuenta de lo que estaba haciendo. Demasiado poco y demasiado tarde.
Entonces Judas lo interceptó. Los dos rodaron y cayeron, y no pude distinguir cuál de ellos estaba rugiendo o gruñendo.Cuando el ímpetu del ataque de Judas había dejado de llevarlos por el suelo, Lung logró ponerse en pie primero y físicamente empujó a Judas a través del piso principal del almacén. Judas se estrelló contra dos mesas largas, enviando nubes de polvo blanco a su alrededor.
Cuando Angelica hizo su movimiento, Lung estaba listo para ella. Él agarró su hocico y pata delantera antes de que ella pudiera hacer cualquier daño y aprovechó su impulso hacia delante para arrojarla también, directamente a Judas. Había un tipo de estilo casi de judo o akido en el lanzamiento, excepto que dudaba que ninguno de ellos fuera lo suficientemente humano como para aplicar movimientos y técnicas normales. Lo que era más probable, pensé, que sus reflejos, flexibilidad y fuerza estuvieran en un nivel donde ese tipo de cosas le vinieran naturalmente.
En cualquier caso, mis guardaespaldas, si se podía llamar así, habían sido arrojados a un lado como si fueran animales de peluche. Lung no cayó a cuatro patas otra vez mientras avanzaba hacia mí. En cambio, flexionó su mano derecha, y mis ojos se vieron atraídos por las cuchillas de treinta centímetros que tenía en la punta de cada dedo.
“¿Sundancer?” Pregunté en voz baja, “¿Me ayudas?”
“Si usara mi poder, probablemente te lastimaría más de lo que lo lastime a él.”
“Esa línea está perdiendo valor muy rápido.”
Lung se lanzó de nuevo, y me arrojé a un lado, demasiado lento, a una distancia demasiado corta.
Con el sonido de espadas saliendo de sus fundas, una barrera de espadas y lanzas se elevó desde el suelo entre Lung y yo. Encontré tracción en el asfalto con mis manos y pies, y logré medio gatear, medio correr lejos de él.
Lung comenzó a moverse alrededor de la barrera de cuchillas, solo para ser bloqueado por otro crecimiento erizado. Rugió, luego saltó hacia las vigas del techo. Sabía lo que estaba haciendo casi de inmediato, y corrí a refugiarme; una vez que se agarrara allí, sería cuestión de utilizar su agarre en las vigas de acero que se alineaban en el techo para saltar directamente hacia mí. No di dos pasos antes de saber que no había cobertura a la que pudiera llegar lo suficientemente rápido.
Excepto que no llegó tan lejos. Un pilar cuadrado de acero, tan alto y largo como un camión de dieciocho ejes, descendía desde el techo, directamente hacia él. Impactó a Lung en su abdomen y lo empujó al suelo, con fuerza. Unos segundos más tarde, el peso del bloque de acero lo arrancó de la sección del techo en la que estaba enraizado. No golpeó a nadie cuando se cayó, pero pude adivinar que hubiera matado a alguien: pude sentir el impacto del golpe contra el suelo en mis huesos.
Miré a Kaiser. Estaba parado donde había estado cuando entró en la habitación, con las manos a la espalda.
“Fenja, Menja”, Kaiser no gritó la orden, pero se escuchó en todo el almacén. Si pudieras llamarlo una orden.
Pero las dos valkirias de seis metros de alto parecían saber lo que él quería. Avanzaron hacia Lung con sus armas desenfundadas, y la gente de Lung comenzó a retroceder lentamente. Sentí una punzada de simpatía por los soldados de Lung, principalmente por los que habían sido forzados a esto. Probablemente habían visto lo que Fenja y Menja eran capaces de hacer antes, pero no podían correr sin arriesgar la ira de su jefe. Atrapados entre la espada y la pared.
Sin embargo, Lung aún no estaba del todo derrotado. Comenzó a ponerse de pie, solo para tener una pirámide de cuchillas que se entrecruzaban a su alrededor. Las cuchillas aparecieron debajo y sobre sus brazos, justo debajo de su axila, detrás de su rodilla, por su ingle, con docenas más levantándose por encima y alrededor de él. Antes de que pudiera encontrar la salida, estaba atrapado. Enterrado y escondido debajo de las capas de acero.
Kaiser inclinó su barbilla, mirando hacia el techo, y vi un brillo. La punta de una hoja comenzó a emerger de una de las vigas de hierro que se encontraban arriba, se reveló a un ritmo glacial. No medía más de quince centímetros de espesor, pero tenía casi seis metros de ancho. No estaba segura de si se trataba de una ilusión óptica de las energías ondulantes del poder de Kaiser o no, pero pensé que tal vez el techo se estaba hundiendo por el peso de la cuchilla. Si él no tenía cuidado, se nos vendría el techo encima.
Entonces Kaiser bajó la cabeza para mirar hacia el área donde estaba atrapado Lung y la enorme espada que había manifestado en el techo se hundió en la pirámide en un abrir y cerrar de ojos. Hubo un baño de chispas cuando la gigantesca cuchilla atravesó la trampa.
Pero hubo más metal caliente que no era el resultado del impacto. Cuando volví a mirar, vi que Lung había evitado la espada. El lado de la pirámide más cercano a mí brillaba con una luz blanca anaranjada, las hojas se curvaban y se combaban con la intensidad del calor. Había suavizado el metal lo suficiente con su piroquinesis que podía usar su monstruosa fuerza y ​​liberarse. Suficiente, al menos, para evitar ser dividido en dos.
Lung rugió mientras se escapaba. Cuando Kaiser levantó más cuchillas a su alrededor, Lung agitó sus garras y destrozó el metal, enviando las piezas deslizándose por el suelo.
“Aiiihurrr”, gruñó Lung.
“Eres un animal, Lung”, le respondió Kaiser, “Incluso sin tu poder convirtiéndote en… esto. ¡Cae!” Como para acentuar su declaración, una lanza de acero sólido salió de la pared y se estrelló contra Lung, llevándolo hasta el final de la habitación opuesta a donde estaban Judas y Angelica. Lung logró agarrar la lanza y moverse para que la punta de la lanza no se presionara contra su pecho cuando perforaba el concreto de la pared.
“Tu gente... animales”, entonó Kaiser.
Ni seis pasos de mí, uno de los matones de Lung dejó escapar un grito crudo y se desplomó en el suelo. Cuchillas con forma de daga habían perforado la parte superior de sus pies a mitad de paso. Cuando usó sus manos para romper su caída, otro juego de cuchillas golpeó a través de sus palmas. Los gritos de los otros matones hicieron eco de los suyos. Él estaba sobre sus manos y rodillas, incapaz de moverse con sus manos y pies efectivamente clavados en el suelo.
“¡Kaiser!” Grité, “¡No!”
“No es asunto tuyo, niña”, me dijo Kaiser, volviéndose en mi dirección.
Di un paso atrás inmediatamente, temiendo que las espadas aparecieran bajo mis pies.
“Esto está mal”, le dije, mientras veía brotar una astilla de acero del suelo y subir con una velocidad controlada hasta la base de la garganta del matón. Se vio obligado a arquear la espalda y levantar la cabeza hasta los límites absolutos para evitar una traqueotomía innecesaria. Eché un vistazo a Lung. Estaba mirando lo que estaba sucediendo, pero no pude leer su expresión alienígena.
“¿Mal?” Kaiser se rió entre dientes, “En lo que a mí respecta, en el momento en que necesitas recurrir a la moral para discutir algo, ya has perdido la discusión. Esto es la guerra.”
Lung se movió hacia Kaiser esta vez. Él virtualmente rodó hacia un lado para evitar un afloramiento de puntas de lanza en ángulo de una manera que podría haberse empalado en ellas, y luego reanudó su carga.
Una de las gemelas gigantas entró, pateando a Lung contra y casi a través de una pared. Lung se recuperó casi de inmediato, recurriendo a su piroquinesis para dirigir una columna de fuego azul y amarillo hacia ella. La otro gemela interceptó el fuego con su escudo.
Unos segundos más tarde, ella estaba tambaleándose hacia atrás y lejos de Lung y arrojó su escudo para evitar que el metal caliente le quemara el brazo.
El equipo de Kaiser no iba a ganar esto por su cuenta. Por mucho que despreciara intervenir y ayudarlo...
“Sundancer, ahora sería un buen momento para usar tu poder”. Hablé. Mientras decía las palabras, llamé a todos los bichos que había en el área y los envié a Lung.
“No es- no. Los voy a quemar.”
“¡Entonces quémalos! Si no usas tu poder, puedo garantizar que Lung los quemará peor.”
“Lo dudo”, respondió Sundancer. Pero levantó sus manos frente a ella, y hubo una brillante llamarada de luz, solo una fracción de segundo, pero lo suficiente como para dejar una mancha azul-negra en el centro de mi visión. Hubo un breve rugido cuando la luz se desvaneció.
Volví mi atención a mis bichos mientras aparecía otro destello de luz, más largo y más fuerte que el primero, otra vez, acompañado por ese débil rugido.
“Oye, Skitter, ¿verdad?” Sundancer habló.
“Sí”, dije.
“Da un paso atrás. Muchos pasos atrás.”
Corrí lejos de allí, me levanté la máscara y llevé dos dedos a la boca para el mejor silbido que pude.
Dos segundos después, Angelica empujó su hocico entre mis piernas. Si hubiera sido una película, o si hubiera sido Perra, tal vez, habría podido deslizarme o saltar hacia atrás y caer sobre su cuello o hombros, seguir desde allí. Tal como estaban las cosas, medio caí, medio rodé sobre su cabeza y apenas logré agarrar una púa en su hombro. Me aferré a eso mientras corría, rezando por no caerme y ser pisoteada.
“¡Angelica, detente, quieta!” Grité, esperando que ella supiera la orden, que ella escucharía. Ella lo hizo, reduciendo el ritmo a un paso, y luego se detuvo justo al lado de la puerta de la bahía de carga en la que habíamos entrado. Judas la alcanzó y la rodeó, hasta que estuvo justo frente a nosotros. Todavía estaba cubierto por el polvo blanco, pero no parecía tener ningún efecto real sobre él. Bajé del costado de Angelica, lista para subirme a ella y empujarla a la acción si Lung hacía otro intento por seguirme. No estaba segura de poder dirigirla, pero con la posibilidad de que Lung me persiga, preferiría moverme totalmente fuera de control a la velocidad de Angelica que a la velocidad que mis propios pies pudieran ofrecer.
Sundancer había logrado poner en marcha su poder. Una bola de luz, más grande que una pelota de baloncesto, más pequeña que una pelota de playa, se sentó entre sus manos.
¿Luz? ¿Eso fue todo?
Entonces vi el piso.
El almacén había sido claramente construido sobre una extensión plana de asfalto, tal vez un viejo estacionamiento, y la superficie se había resquebrajado y había sido remendada a lo largo de los años. Aún llevaba las manchas de aceite de los viejos tiempos.
Directamente debajo de Sundancer, el piso era normal. Pero a unos dos metros de ella, el suelo parecía húmedo, vidrioso.
El asfalto se estaba derritiendo.
Ella dejó caer sus manos, y la bola de luz se levantó. Como si tuviera una mente propia, se lanzó hacia Lung, moviéndose a izquierda y derecha y hacia arriba y hacia abajo a medida que avanzaba. Vi cómo subía más cuando se movía sobre la gente de Lung, que todavía estaba clavada en el suelo. En un momento dado, se movió solo a unos tres metros sobre una de las mesas, y la superficie plástica de la mesa pareció arrugarse rápidamente, volviéndose negra y humeante con lenguas de fuego.
Desparramé mi enjambre, muy consciente de que no estaban haciendo nada con Lung, sabiendo que morirían cuando Sundancer acercara su orbe a Lung.
Ella no hizo que lo tocara, pero viendo lo que había hecho en la mesa, pensé que tal vez eso era algo bueno. Lung levantó una mano hacia la luz y pude ver el calor brillar en el aire. Ella lo empujó un poco más cerca de él, y sus piernas se doblaron.
Kaiser aparentemente no estaba dispuesto a permitir que Sundancer se robara el show, porque sacó una columna de metal de la pared detrás de Lung, empujando a Lung hacia el orbe. Sundancer movió la pelota hacia atrás, pero el segundo más o menos de estar tan cerca de la pelota fue suficiente para dejar a Lung sin ánimos de pelea. Cayó a cuatro patas, intentó moverse y se encontró el asfalto como un alquitrán fundido debajo de él.
¿No se suponía que era a prueba de fuego? ¿O era esa inmunidad solo a las llamas que él hacía con su propio poder? O, pensé, ¿era esa bola de luz - el sol en miniatura de Sundarnder - tan caliente?
Estaba esperando en la salida, mirando y esperando para ver el resultado. Mis bichos estaban preparados y listos, deteniéndose lo más cerca que podían sin ser eliminados por el aire sobrecalentado.
Incluso con su constitución sobrehumana, incluso con su piroquinesis que quizás alivianara el efecto, Lung claramente estaba sufriendo. Solo es cuestión de tiempo, me di cuenta, antes de que se derrumbara. Probablemente, supuse, mucho más tiempo de lo que uno pensaría, con su regeneración.
Entonces la luz del orbe de Sundancer se apagó.
Me tomó unos largos momentos parpadear las anchas fuera de mis ojos antes de poder ver la escena en su totalidad.
Lung estaba fláccido, con los brazos colgando a los costados. Todavía estaba inclinado, y podría haber caído de bruces en el alquitrán, si no fuera por la lanza de hierro que le estaba atravesando el corazón.
“¿¡Qué hiciste!?” Sundancer gritó.
“Obviamente”, dijo Kaiser, “lo terminé.”
“¡Ya se había terminado!”
Tenía la impresión de que muy pocas personas realmente discutían con Kaiser. Fenja y Menja se unieron a él, una a cada lado de él, y ninguna de ellas estaba envainando sus armas o reduciéndose a un tamaño normal. Lo tomé como una señal muy mala.
Estaba tan preocupada mirando a Kaiser que casi me pierdo lo que sucedió después.
Comenzó como un destello carmesí en el rabillo del ojo. Miré, y vi las alas de Lung completamente desplegadas. Como las alas de un murciélago, solo tenían escamas plateadas donde el murciélago tendría pelaje, y la carne que se extendía entre los ‘dedos’ de las alas era del rojo oscuro y profundo de la sangre.
Lung agarró la lanza que empaló su pecho y la partió con sus garras. Se puso de pie, y toda su sección media pareció ordenarse para que midiera un metro más de alto. Tomando el fragmento que todavía estaba incrustado en su pecho, lentamente lo deslizó fuera. Una vez que se liberó, lo arrojo a un lado. Chocó contra el piso del almacén.
Estábamos tan silenciosos que se podía oír el sonido del acero mientras se posaba en el suelo.
“¡Sundancer! ¡Corre!” Grité, rompiendo el silencio. Envié mis bichos a formar un enjambre sobre Lung. Cualquier cosa para bloquear su visión, distraerlo aunque sea por un segundo.
Los eventos que siguieron parecieron suceder en cámara lenta. Lung repitió lo que había estado tratando de hacer cuando la pelea se comenzó, solo que nada parecía capaz de interponerse en su camino ahora. Era más rápido, más fuerte, más maniobrable.
Se lanzó hacia Kaiser, usando sus alas para llevarlo sin esfuerzo sobre un crecimiento de hojas de acero. Alcanzando a Kaiser, él golpeó lo golpeó contra la pared. Kaiser se quedó flojo, pero Lung repitió el proceso, golpeándolo contra el ladrillo de la pared del almacén media docena de veces en segundos. Cuando terminó, arrojó a Kaiser lejos como un juguete.
Fenja tuvo que soltar su lanza para atrapar a Kaiser en sus brazos, lo que parecía ser exactamente lo que Lung quería. Lung hizo el mismo truco de ‘explotar’ que había hecho para borrar mis bichos en mi primer encuentro con él, solo que la explosión fue diez veces más grande. Las dos gigantas se tambalearon hacia atrás, lo que le dio a Lung la oportunidad de lanzarse por el suelo y llevar su mano plana y con garras dentro del vientre de Menja como un cuchillo.
Cuando él retiró su garra, ella colapsó.
“¡Nessa!” Gritó Fenja.
Lung la ignoró y comenzó a caminar hacia Sundancer y yo. Fenja corrió al lado de su hermana, todavía cargando a Kaiser.
Sundancer comenzó a formar su sol en miniatura una vez más, con cada vez más frecuentes destellos de luz y fuego acumulándose entre sus manos.
“No.” Lung resonó. Levantó su garra ensangrentada, y la llama en las manos de Sundancer se disipó, deslizándose fuera de su alcance como anguilas engrasadas.
Intentó una vez más, y de nuevo, la frustró con una facilidad casi casual.
Antes de que pudiera hacer un tercer intento, Lung la atacó con un torrente de llamas rugientes. Durante dos, tres, cuatro segundos, el fuego la cubrió, la consumió.
Cuando se detuvo, había lenguas de llamas bailando sobre el asfalto a su alrededor, incluso su traje tenía restos de fuego persistente, pero tanto ella como su traje estaban intactos.
Ella, al menos, era a prueba de fuego. O ella tenía que serlo, para evitar ser quemada por su propio poder.
Ella no era, sin embargo, invencible. Cuando las llamas de su ataque se disiparon, Lung se hizo visible de nuevo, revelando que estaba justo frente a ella. Apenas parecía notar que ella estuviera allí cuando la tiro a un costado con un revés de su mano.
Luego volvió su atención hacia mí.
Solo yo quedaba, realmente. Tragué saliva, saqué mi muy desalentador cuchillo y me puse de pie, mirando a Lung. Por favor no me quemes, por favor, por favor. Mira este cuchillo y lo velo como un insulto. Una excusa para derrotarme físicamente.
Angelica comenzó a gruñirle a Lung. Ella dio un paso hacia él.
“¡No!” Le ordené, “¡Atrás!”
Los gruñidos cesaron, y ella me miró.
“Atrás”, repetí. Cuando di un paso hacia Lung, ella no me siguió. Un Judas cubierto de polvo estaba a cinco metros de distancia, tenso, pero sin acercarse tampoco. Bueno. No sirve de nada que nadie más se lastime. No había nada más que ella pudiera hacer.
Demonios, estaba casi segura de que no había nada más que yo pudiera hacer.
Mis bichos se juntaron en Lung, pero por lo que pude ver, ya no había piel. No hay carne para morder, nada para picar.
Lung retumbó con una risa áspera y gutural, y dejó que una breve llama lo cubriera, borrando al enjambre de la existencia.
Disperse los bichos en su vecindad que aún no habían tenido la oportunidad de tocarlo y quemarse por nada. No tiene punto. Casi era para peor.
Entonces Perra, montando a Brutus, saltó desde el agujero en el techo y se estrelló contra Lung.
“¡Perra!” Grité, demasiado tarde, “¡No!”
Una vez que superó el impacto inicial, Lung usó una mano para agarrar a Perra desde donde estaba sentada en la espalda de Brutus, y agarró a Brutus por el cuello con la otra. Levantando su brazo, y Brutus, a su lado izquierdo, luego a su derecha, lanzando al perro cabeza arriba por los aires.
Judas y Angelica comenzaron a avanzar, pero se detuvieron cuando Lung provocó un grito de dolor de Perra.
“Nnno,” retumbó Lung.
“¡Detente!” Grité, dando un paso hacia adelante otra vez, “Yo soy a quien quieres, ¿no?”
Siempre sonaba tan bien cuando lo escuchabas en las películas. Cuando me di cuenta de lo que acababa de decir, solo sonó estúpido.
Avanzó hacia mí, cargando a Perra como un niño descuidado de siete años cargaría a un gato. Retrocedí, pero su paso fue lo suficientemente largo como para cerrar la brecha sin esfuerzo. Me agarró y me levantó en el aire, levantándome por encima de su cabeza para que él pudiera mirarme.
“Ug hurrrrr.”
No podía hablar, así que no podía ni recurrir al viejo y cansado cliché de hacerlo monologar.
Mierda.
Tenía mi cuello rodeado con el pulgar y el índice, dos garras en mi caja torácica y su dedo 'meñique' en mi sección media, justo debajo de mi cintura. Él apretó una fracción más fuerte, y yo gemí. La tela de mi disfraz impedía que los bordes de sus garras me cortaran, pero no estaba reforzada para evitar que me aplastara.
Dirigí un bicho en su ojo. Permaneció allí, las alas ondeando intermitentemente. Era lo suficientemente molesto como para dejar a Perra y lidiar con eso. Aunque no le dio la oportunidad de escapar. Antes de lidiar con el bicho, la empujó contra el suelo y la pisó, sujetándola con su pie con garras. Hecho eso, usó las puntas de su garra para sacar el bicho la cuenca de su ojo.
Él se rió de nuevo, bajo, áspero, mientras examinaba la cucaracha empalada en su garra. "¿Uua-ashhah?” ¿Cucaracha?
Bajó su brazo así que estaba al nivel de sus ojos. Luego volvió a apretar, más débil que la primera vez. Me sacudió, no tan duro como podría haberlo hecho.
Luego su brazo se combó nuevamente, hasta que mis dedos rozaron el suelo. Después de sacudirme, su agarre se había aflojado, y realmente no lo había apretado de nuevo, así que logré poner mi rodilla contra la base de su palma y empujarme hacia atrás, liberándome. Mis pies tocaron asfalto, y retrocedí unos pocos pasos.
“Hurrrrrrrr”, retumbó.
“No me subestimes carajo”, gruñí en respuesta.
No sé si me escuchó. Ni siquiera había terminado la frase antes de tener que saltar hacia atrás dos pasos para evitar ser aplastada debajo de él mientras se desplomaba de cara al asfalto.
“Perra, ¿estás bien?”, Le pregunté.
Ella se estaba levantando del suelo. Ella asintió.
“¿Qué pasó?”, Preguntó ella.
Envainé mi cuchillo y alcancé mi teléfono celular con una mano. Extendí mi otra mano con la palma hacia arriba. Una cucaracha se asentó en ella.
“No estaba segura si funcionaría, o si sería suficiente. Tomé un trozo de oruga, hice que una cucaracha la remojara en el charco de sangre que Newter dejó en el piso de arriba, y aplasté la cosa en el ojo de Lung. Grande y duro como es, ¿una droga fuerte en las membranas mucosas del ojo? ¿Tan cerca del cerebro? Aparentemente es suficiente.”
Perra se cruzó de brazos, mirando a Lung. Entonces ella me miró.
“¿Ahora qué?”
Era una pregunta sorprendentemente apta, proveniente de ella. ¿Lo dejábamos aquí? Él estaría mejor en cuestión de minutos. Hubo opciones. Simplemente no me gustó ninguna de ellas
Marqué el teléfono de Tattletale, pero fue Regent quien respondió.
“Oye”, dijo.
“A, limón”, dije.
“C, hierba”, respondió, “No lo creerías. Encontramos uno de los talleres de Bakuda. Lo que tiene aquí es una locura.”
“No hay tiempo para charlar. Necesito hablar con Tattletale, rápido.”
“Ella está revisando el lugar para detectar trampas explosivas. Las distracciones probablemente no sean una buena idea.”
“Es algo importante”, le dije, mirando a Lung.
“Claro.”
Dos segundos después, la voz de Tattletale estaba en el otro extremo, “Hey”
“Pregunta rápida. Debo estar segura, y por eso te llamo. Lung sana, ¿verdad?”
“Sí. Espera... ¿Lung está allí?”
“Inconsciente a mis pies. Pero no sé cuánto tiempo, así que responde rápido. ¿Él sana? Ya está curando lo que le hice a él la última vez, ¿verdad?”
“Claro. Sanará casi cualquier cosa, con tiempo, siempre que no esté muerto. Si pierde un brazo, le volvería a crecer en unos meses.”
“Gracias. Eso es lo que necesitaba saber”, dije. “Buena suerte con las trampas explosivas.” Colgué.
Luego miré a Lung. Saqué mi cuchillo.
“¿Por qué el cuchillo?” Preguntó Perra. Creo que alguien más podría haber sonado preocupado. Ella sonaba curiosa.
“Estoy terminando esto.”
Agarré una de las púas más grandes que enmarcaban la cara de Lung y la eché hacia un lado para que su cuello parecido a un acordeón estuviera estirado, con la cara hacia arriba.
No hay tiempo para ser delicado al respecto. No tenía idea de cuán fuertes eran las toxinas en la sangre de Newter, o cuán rápido la procesaría la biología de Lung.
Metí el cuchillo en la cuenca de los ojos de Lung. Su cabeza y, en consecuencia, sus ojos no eran tan grandes como pensarías, en proporción al resto de su cuerpo, pero el tejido alrededor era duro. Tuve que hacer palanca con el cuchillo hacia adelante y hacia atrás antes de que pudiera levantar su globo ocular. Estaba caliente al tacto cuando lo sostuve en la palma de mi mano, no más grande que una pelota de ping-pong.
El segundo ojo fue más rápido, aunque no menos turbio.
Cuando terminé, me puse de pie, enfundé mi cuchillo y retrocedí lejos del cuerpo de Lung. ¿No debería sentirme peor por esto? ¿No debería sentirme enferma, asqueada o perturbada la moralidad de esto? Ni siquiera sentía frío, como describió Grue. Simplemente se sintió como algo que tenía que hacer.
Eché un vistazo a los dos ojos en mi mano, luego los saqué de mi mente. Inspeccioné la habitación. ¿Prioridades?
Le pregunté a Perra primero, “¿Los perros están bien?” Si los coloco en segundo lugar a alguien más que ella, o si olvidara preguntar, tengo la sensación de que a Perra le importaría.
“Sanarán cuando vuelvan a la normalidad.”
“¿Sundancer?”, Le pregunté.
Sundancer estaba acostada de lado, con un brazo presionado contra el hombro que Oni Lee había apuñalado. “Estoy bien.”
Esos eran todos los que me importaban un carajo, dejando solo a Fenja, Menja y Kaiser. Miré al otro lado de la habitación y grité: “¿Fenja?”
La giganta asintió.
“Lleva a tu hermana a un hospital, o al doctor que usen ustedes. Encárgate de tu jefe.”
Ella se paró sin darme una respuesta. Su hermana se había encogido lo suficiente como para acunarla en sus brazos. Kaiser, por su parte, estaba colgado del hombro, fláccido.
“Oh, ¿Fenja?”
Ella hizo una pausa.
“Dejaré que sea decisión tuya, pero si crees que Kaiser tiene un sentido del honor, tal vez señálale que sería de malas maneras presionar el asunto de las peleas de perros, siendo que lidiamos con Lung por él y le salvé la vida.”
Ella asintió, luego se agachó a través de la abertura en la pared.
Di un paso hacia Sundancer y le ofrecí una mano para ayudarla a levantarse. Ella se estremeció lejos.
Oh. Mis manos estaban ensangrentadas. Dejé caer la mano ofrecida a mi lado.
“Vamos”, sugerí.

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2018.04.03 20:36 master_x_2k Interludio II

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____________________Interludio II____________________

Había muy pocas cosas, para Victoria Dallon, que fueran más geniales que volar. El campo de fuerza invisible que se extendía unos milímetros sobre su piel y su ropa simplemente lo hacía mejor. El campo evitaba que el frío la tocara, pero aún así le permitía sentir el viento en su piel y en su pelo. Los bichos no se estrellaban contra su rostro como lo hacían contra los parabrisas de los automóviles, incluso cuando estaba alcanzando ciento treinta kilómetros por hora.
Glory Girl
Al ver a su objetivo, ella frenó en seco y se lanzó hacia el suelo, ganando velocidad cuando cualquier otra persona estaría desacelerando. Golpeó el asfalto lo suficientemente fuerte como para romperlo y enviar fragmentos por los aires, tocando el suelo con una rodilla y un pie, un brazo extendido. Permaneció en esa posición de rodillas solo por un momento, dejando que sus rizos de platino y la capa que estaba colgada sobre uno de sus hombros revolotearan en la estela del aire que había arrastrado al descender. Ella encontró los ojos de su presa con una mirada de acéro.
Había practicado ese aterrizaje durante semanas para hacerlo bien.
El hombre era un veinteañero caucásico con la cabeza rapada, una camisa de vestir con las mangas arremangadas, pantalones vaqueros y botas de trabajo. Él la miró una vez y salió disparado.
Victoria sonrió mientras desaparecía por el otro extremo del callejón. Se levantó de su posición arrodillada, se sacudió el polvo y se pasó los dedos por el pelo para arreglarlo. Luego se levantó a medio metro del suelo y voló tras él facilmente a una velocidad de setenta kilómetros por hora.
No le tomó un minuto atraparlo, incluso con la ventaja que ella le había dado. Ella voló justo detrás de él, pasándolo. Un instante después, ella se detuvo completamente, frente a él. De nuevo, el viento hizo que floreciera dramáticamente al agitar su cabello, su capa y la falda de su traje.
“La mujer a la que atacaste se llama Andrea Young”, dijo.
El hombre miró por encima del hombro, como si midiera sus rutas de escape.
“Ni lo pienses, esperpento”, le dijo, “Sabes que te atraparía, y créeme, ya estoy lo suficientemente enojada sin que me hagas perder el tiempo.”
“No hice nada”, gruñó el hombre.
“¡Andrea Young!” Victoria alzó la voz. Mientras gritaba, ella ejerció su poder. El hombre se acobardó como si ella lo hubiera abofeteado. “¡Una estudiante universitaria negra fue golpeada de tal forma que necesitó atención médica! ¡Le tiraron los dientes! ¿Estás tratando de decirme que tú, skinhead con los nudillos hinchados, alguien que estaba en la multitud mirando a los paramédicos llegar con una expresión alegre, no hiciste nada?”
“No hice nada que por lo que valga la pena alterarse”, se burló. Su bravuconería fue atenuada por una segunda mirada sobre su hombro, como si le gustara mucho estar en otro lugar en ese momento.
Ella voló hacia adelante, sus puños lo agarraron por el cuello. Por solo un momento, ella pensó en golpearlo contra la pared. Hubiera sido apropiado y satisfactorio empujarlo lo suficientemente fuerte contra el ladrillo para romperlo, y luego dejarlo caer en el contenedor de basura que estaba en la base de la pared.
En cambio, se elevó un poco, deteniéndolos a ambos. Ahora estaban lo suficientemente alto sobre el suelo que él se sentiría incómodo con la altura. El contenedor de basura, en su mayoría vacío, estaba directamente debajo de él, pero ella dudaba de que estuviera prestando atención a nada más que a ella.
“Creo que es una apuesta segura decir que eres miembro del Imperio Ochenta y Ocho”, le dijo, mirándolo a los ojos con una mirada dura, “o al menos, tienes algunos amigos que sí lo son. Entonces, esto es lo que va a suceder. Vas a decirme todo lo que han hecho los Ochenta y Ocho, o voy a romper tus brazos y piernas y entonces me vas a contar todo.”
Mientras hablaba, ella aumentó su poder. Sabía que estaba funcionando cuando él comenzó a retorcerse solo para evitar su mirada.
“Chúpamela, no puedes tocarme. Hay leyes contra esa mierda”, bramó, mirando fijamente por encima de un hombro.
Ella intensifico su poder un poco más. Su cuerpo vibraba con la corriente, ondas de energía que cualquiera en su presencia experimentaría como una carga emocional de asombro y admiración. Para aquellos con una razón para tenerle miedo, sería una sensación de intimidación en bruto en su lugar.
“Última oportunidad”, le advirtió.
Desafortunadamente, el miedo afectaba a todos de manera diferente. Para este malnacido en particular, solo lo hizo ponerse firme y volverse obstinado. Podía verlo en su lenguaje corporal antes de abrir la boca: este era el tipo de hombre que reaccionaba ante cualquier cosa que lo asustaba o alteraba con un rechazo casi sin sentido a doblegarse.
“Lame mis peludas y sudorosas bolas”, gruñó, antes de puntuar con un firme, “puta.”
Ella lo tiró. Como podía hacer pesas con una mezcladora de cemento, aunque era difícil equilibrar algo tan grande y difícil de manejar, incluso un lanzamiento casual de su parte podía llegar a una buena distancia. Voló unos buenos ocho o nueve metros por el callejón antes de golpear el asfalto, y rodó por otros tres.
Estuvo totalmente inmóvil el tiempo suficiente para que Victoria comenzara a preocuparse de que de alguna manera le hubiera roto el cuello o la columna vertebral mientras rodaba. Ella se sintió aliviada cuando él gimió y comenzó a ponerse de pie.
“¿Listo para hablar?”, Le preguntó, con su voz bajando por el callejón. No avanzó desde donde flotaba en el aire, pero sí se dejó caer más cerca del suelo.
Presionando una mano contra su pierna para sostenerse mientras se enderezaba, levantó la otra mano y le levanto el dedo del medio, luego se giró y comenzó a cojear por el callejón.
¿Qué estaba pensando este imbécil? ¿Que ella simplemente lo dejaría ir? Eso, ¿Qué ella simplemente se inclinaría ante su estúpida falta de instinto de supervivencia? ¿Qué ella era incapaz de hacerle daño real? ¿Para colmo, iba a insultarla y tratar de irse caminando?
“Que te jodan a ti también”, siseó entre dientes. Luego pateó el contenedor de basura debajo de ella lo suficientemente fuerte como para enviarlo volando por el pequeño camino. Giró perezosamente por el aire mientras se arqueaba hacia la figura en retirada, la trayectoria y la rotación apenas cambiaban cuando lo aplastó contra el suelo. Se detuvo tres o cuatro metros más allá de él, los costados metálicos del contenedor chirriaron y chispearon al rozar el asfalto.
Esta vez, él no se levantó.
“Mierda”, ella maldijo, “Mierda, carajo, mierda”. Ella voló hacia él y verificó su pulso. Suspiró y luego se dirigió a la calle más cercana. Encontró la dirección de la calle, agarró su celular del cinturón y marcó.
“Hey, ¿hermanita? Sí, lo encontré. Ese es, eh, el problema. Sí. Mira, lo sien- ok, ¿podemos hablar de esto más tarde? Sí. Estoy en Spayder y Rock, hay un pequeño camino que corre detrás de los edificios. Medio en el Centro, sí. ¿Sí? Gracias.”
Victoria regresó al skinhead inconsciente, verificó su pulso y escuchó atentamente los cambios en su respiración. Le tomó cinco muy largos minutos a su llegar hermana.
¿Otra vez, Victoria?”, La voz la distrajo de su contemplación.
Panacea
“Utiliza mi nombre clave, por favor”, le dijo Victoria a la chica. Su hermana era tan diferente de ella como la noche del día. Donde Victoria era hermosa, alta, espléndida, rubia, Amy era poco llamativa y pequeña. El traje de Victoria mostraba su figura, con un vestido blanco de una pieza que llegaba a la mitad del muslo (con pantalones cortos debajo) una capa sobre el hombro, botas altas y una tiara dorada con puntas que irradiaban, vagamente reminiscente de los rayos del sol o la estatua de la libertad. El traje de Amy, por el contrario, estaba solo a una sombra de ser un burka. Amy llevaba una bata con una gran capucha y una bufanda que cubría la mitad inferior de su rostro. La túnica era de alabastro blanco y tenía una cruz roja de médico en el pecho y la espalda.
“Nuestras identidades son públicas”, replicó Amy, empujando la capucha hacia atrás y la bufanda hacia abajo para revelar el cabello marrón rizado y una cara con pecas espaciadas uniformemente a lo ancho de ella.
“Es una cosa de principios”, respondió Victoria.
“¿Quieres hablar de principios, Glory Girl?”, Preguntó Amy, en el tono más sarcástico que pudo decir: “Este es la sexta – ¡sexta! – ves que casi matas a alguien. ¡Que yo sepa!”
“Soy lo suficientemente fuerte como para levantar una camioneta sobre mi cabeza”, murmuró Victoria, “es difícil contenerse todo el tiempo.”
“Estoy segura de que Carol aceptaría eso”, dijo Amy, dejando en claro en su tono que ella no lo aceptaba, “Pero te conozco mejor que nadie. Si estás teniendo problemas para contenerte, el problema no está aquí…” le dio un golpecito a Victoria en los bíceps. “Está aquí-” le clavo el dedo a su hermana en la frente, fuerte. Victoria ni siquiera parpadeó.
“Mira, ¿puedes arreglarlo?”, Victoria suplicó.
“Estoy pensando que no debería”, dijo Amy, en voz baja.
“¿Qué?”
“Hay consecuencias, Vicky. Si te ayudo ahora, ¿qué te impedirá volver a hacerlo? Puedo llamar a los paramédicos. Conozco a algunas buenas personas del hospital. Probablemente podrían arreglarlo bien.”
“Oye, oye, oye”, dijo Victoria, “Eso no es gracioso. Él va al hospital, la gente hace preguntas “.
“Sí, estoy muy consiente de eso”, dijo Amy, su voz en voz baja.
“Esto no es, como, que me castiguen. Me llevarían al tribunal por cargos de asalto agravado y agresión. Eso no solo me jode a mí. Nos jode a nuestra familia, todos en New Wave. Todo lo que hemos luchado por construir.”
Amy frunció el ceño y miró al hombre caído.
“Sé que no estás interesada en el tema de los superhéroes, ¿pero realmente llegarías tan lejos? ¿Nos harías eso a nosotros? ¿A mí?”
Amy señaló con su dedo a su hermana, “Eso no es culpa mía. No es mi culpa que estemos en este punto. Es tuya. Estás cruzando la línea, yendo demasiado lejos. Que es exactamente lo que la gente que critica a New Wave teme. No estamos patrocinados por el gobierno. No estamos protegidos ni organizados ni regulados de la misma manera. Todos saben quiénes somos bajo nuestras máscaras. Eso significa que tenemos que ser responsables. Lo más responsable para mí, como miembro de este equipo, es dejar que los paramédicos se lo lleven, y dejar que la ley haga lo que crea conveniente.”
Victoria abruptamente puso a Amy en un abrazo. Amy se resistió por un momento, luego dejó que sus brazos colgaran a los costados.
“Esto no es solo un equipo, Ames”, le dijo Victoria, “Somos una familia. Somos tu familia.”
El hombre que estaba a solo unos metros de distancia se movió, luego gimió, largo y fuerte.
“Mi familia adoptiva”, murmuró Amy en el hombro de Victoria, “Y deja de tratar de usar tu maldito poder para hacer que me exalte con lo increíble que eres. No funciona. He estado expuesta tanto tiempo que soy inmune.”
“Duele”, gimió el hombre.
“No estoy usando mi poder, tontita”, Victoria le dijo a Amy, dejándola ir, “Estoy abrazando a mi hermana. Mi genial, amable y compasiva hermana.”
El hombre gimió, más fuerte, “No me puedo mover. Me siento frío.”
Amy frunció el ceño a Victoria, “Lo sanaré. Pero esta es la última vez “.
Victoria sonrió, “Gracias”.
Amy se inclinó sobre el hombre y le acarició la mejilla con la mano. “Se le partieron las costillas, clavícula fracturada, mandíbula rota, escápula rota, esternón fracturado, pulmón magullado, cúbito roto, radio roto…”
“Entiendo el punto”, dijo Victoria.
“¿Lo haces?”, Preguntó Amy. Luego suspiró, “Ni siquiera estaba en la mitad de la lista. Esto llevará un poco de tiempo. ¿Te sientas?”
Victoria cruzó las piernas y asumió una posición sentada, flotando medio metro sobre el suelo. Amy se arrodilló dónde estaba y apoyó la mano en la mejilla del hombre. La tensión desapareció de su cuerpo y se relajó.
“¿Cómo está la mujer? ¿Andrea? “
“Mejor que nunca, físicamente”, respondió Amy, “le crecí nuevos dientes, arreglé todo, desde los hematomas hasta los rasguños, e incluso le hice una puesta a punto de pies a cabeza. Físicamente, se sentirá en la cima del mundo, como si hubiera estado en un spa y tuviera la mejor nutricionista, mejor experta en acondicionamiento físico y el mejor médico que la cuide por un mes consecutivo “.
“Bien”, dijo Victoria.
“¿Mentalmente? ¿Emocionalmente? Depende de ella lidiar con las secuelas de una golpiza. No puedo afectar el cerebro.”
“Bueno-” Victoria comenzó a hablar.
“Sí, sí. No, no puedo. No lo haré. Es complicado y no confío en mí misma como para no arruinar algo cuando estoy manipulando la cabeza de alguien. Eso es todo.”
Victoria comenzó a decir algo, luego cerró la boca. Incluso si no estaban relacionadas por sangre, eran hermanas. Solo las hermanas podían tener este tipo de discusiones recurrentes. Habían pasado por una docena de variaciones diferentes de esta discusión antes. Por lo que ella pensaba, Amy se estaba perjudicando al no practicar el uso de sus poderes en el cerebro. Era solo cuestión de tiempo antes de que su hermana se encontrara en una situación en la que necesitaba hacer una cirugía cerebral de emergencia y se encontrara incapaz. Amy, por su parte, se negaba incluso a discutirlo.
Ella no quería plantear un tema delicado cuando Amy estaba en el proceso de hacerle un gran favor. Para cambiar el tema, Victoria preguntó: “¿Esta bien si le hago preguntas?”
“Date el gusto”, Amy suspiró.
Victoria le dio varios golpecitos en la frente al hombre para llamar su atención. Apenas podía mover la cabeza, pero sus ojos se movieron en su dirección.
“¿Listo para responder mis preguntas o mi hermana y yo nos vamos y te dejamos así?”
“Yo… te demandaré”, jadeó, luego logró un agregado, “puta”.
“Inténtalo. Me encantaría ver a skinhead con algunos huesos rotos enfrentarse a una superheroína cuya madre es una de los mejores abogados en Brockton Bay. La conoces, ¿verdad?”
“Brandish”[1], dijo.
“Ese es su nombre en traje. Normalmente ella es Carol Dallon. Te patearía el culo en la corte, créeme”, dijo Victoria. Ella lo creía. Lo que el rufián no entendía era que, incluso si perdía el caso, el circo mediático que se armaría haría más daño que cualquier otra cosa. Pero ella no necesitaba informarle de eso. Ella le preguntó: “Entonces, ¿hago que mi hermana te deje como estás, o estás dispuesto a intercambiar alguna información para evitarte meses de dolor increíble y una vida de artritis y rigidez en los huesos?”
“Y disfunción eréctil”, dijo Amy, lo suficientemente fuerte para que el rufián la escuchara, “Te fracturaste la novena vértebra. Eso va a afectar todas las funciones nerviosas en las extremidades por debajo de la cintura. Si te dejo así, los dedos de tus pies siempre se sentirán un poco entumecidos, y tendrás muchísimos problemas levantándolo, si sabes a lo que me refiero.”
Los ojos del skinhead se ensancharon una fracción, “Me estás jodiendo”.
“Tengo una licencia médica honoraria”, le dijo Amy, con expresión solemne, “No puedo joderte sobre cosas así. Juramento hipocrático.”
“¿No dice eso ‘no hacer daño’?” Preguntó el rufián. Luego gimió, largo, fuerte y con el más ligero traqueteo en su aliento, mientras ella retiraba su mano de su cuerpo.
“Esa es solo la primera parte, como la libertad de expresión y el derecho a portar armas es solo la primera parte de una constitución muy larga. No parece que él esté cooperando, Glory Girl. ¿Deberíamos irnos?”
“¡Carajo!” Gritó el hombre, luego hizo una mueca, tocando tiernamente su costado con una mano, “Te lo diré. Por favor, solo… haz lo que estabas haciendo. Tócame y haz que el dolor desaparezca, vuelve a ponerme en una pieza. ¿Me arreglarás?”
Amy lo tocó. Se relajó, y luego comenzó a hablar.
“El Imperio Ochenta y Ocho se está extendiendo en los Muelles por orden de Kaiser[2]. Lung está bajo custodia, y pase lo que pase, el ABB es más débil de lo que era. Eso significa que hay territorio en disponible, y el Imperio sin duda no está avanzando hacia el centro “.
“¿Por qué no?”, Victoria le preguntó.
“Este tipo, Coil.[3] No sé cuáles son sus poderes, pero tiene un ejército privado. Ex-militares, todos ellos. Al menos cincuenta, dijo Kaiser, y cada uno de ellos tiene equipo de primera clase. Su armadura es mejor que Kevlar. Les disparas y se vuelven a levantar en unos segundos. Al menos cuando le disparas a un cerdo, puedes estar bastante seguro de que le rompiste algunas costillas. Pero eso no es lo jodido. ¿Estos chicos? Tienen estos láseres conectados a las ametralladoras que llevan. Si no creen que las balas están alcanzando, o si están contra personas detrás de cobertura, disparan rayos láser purpura que pueden atravesar el acero. Corta a través de cualquier cubierta tras la que te esconda y quema a través de ti también “.
“Sí. Yo sé sobre él. Sus métodos se vuelven caros”, dijo Victoria,” soldados de primera línea, equipo de primera línea.”
El rufián asintió débilmente, “Pero incluso con dinero para quemar, él está peleándonos por los territorios del centro. Tira y afloja constante, ninguno de nosotros avanzando mucho. Lleva así meses. Entonces, Kaiser piensa que deberíamos tomar los Muelles ahora que los ABB están fuera de juego, ganar terreno en algún lugar más fácil. No sé más que eso, en cuanto a sus planes.”
“¿Quién más está tramando algo? ¿Faultline?”
“¿La perra con los raritos en su equipo? Ella es una mercenaria, con diferentes objetivos. Pero tal vez. Si ella quiere diversificarse, ahora sería el momento de hacerlo. Con su reputación, incluso le iría bien.”
“¿Entonces quién? Hay un vacío de poder en los muelles. Kaiser ha declarado que quiere aprovecharlo, pero estoy dispuesta a apostar que te advirtió acerca de que otros que están haciendo una jugada.”
La cabeza rapada se rió, luego hizo una mueca, “¿Eres retrasada, chica? Todos van a hacer una jugada. No son solo las principales pandillas y equipos los que están buscando una porción del pastel. Son todos. Los muelles están listos para tomarlos. La ubicación vale tanto dinero como el que conseguirías en el centro. Es el sitio al que ir si quieres comprar algo en el mercado negro. Sexo, drogas, violencia. Y los lugareños ya están acostumbrados a pagar dinero de protección. Es solo una cuestión de cambiar a quién le pagan. Los Muelles son un territorio rico, y estamos hablando del potencial de una puta guerra a gran escala por ello.”
Miró a la superheroína rubia y se rió. Sus labios se establecieron en una línea firme.
Él continuó, “¿Quieres saber mi suposición? El Imperio Ochenta y Ocho va a tomar la mayor porción de los Muelles, porque somos lo suficientemente fuertes como para hacerlo. Coil va a meter los dedos solo para fastidiarnos, los ABB va a aferrarse a algo. Pero también vas a tener un montón de pequeños tratando de tomar algo para ellos. Über y Leet, Circus, los Undersiders, Squealer, Trainwreck, Stain[4], ¿otros de los que nunca has oído hablar? Van a replantear su terreno, y una de dos cosas va a suceder. O hay guerra, en cuyo caso los civiles se lastiman y las cosas se ponen mal para ti, o hay alianzas entre los diversos equipos y villanos sueltos y la mierda empeora aún más para ti.”
Él estalló en carcajadas una vez más.
“Vamos, Panacea”[5], dijo Victoria mientras se ponía de pie, tocaba el suelo con las botas y se cepillaba la falda, “hemos tenido suficiente.”
“¿Estás segura? No he terminado todavía”, Amy le dijo.
“¿Arreglaste los moretones y los rasguños, los huesos rotos?” Todo lo que podría meterla en problemas, en otras palabras.
“Sí, pero no solucioné _todo_”, respondió Amy.
“Lo suficiente”, decidió Victoria.
“¡Oye!” Gritó el skinhead, “¡El trato era que me arreglarías si hablaba! ¿Has arreglado mi pene?” Trató de luchar para ponerse de pie, pero sus piernas se doblaron debajo de él, “¡Oye! ¡No puedo caminar! ¡Te voy a demandar! “
La expresión de Victoria cambió en un instante, y su poder se desbordo, sorprendiendo al matón. Por un instante, sus ojos eran como los de un caballo en pánico, todos blancos, rodando, desenfocados. Ella lo agarró por el cuello de la camisa, lo levantó y gruñó en su oído, su voz justo encima de un susurro, “Inténtalo. Mi hermana acaba de curarte… la mayor parte de ti, con un toque. ¿Alguna vez te preguntaste qué más podría hacer? ¿Alguna vez pensaste que tan fácil podría romperte? ¿O cambiar el color de tu piel, pedazo de mierda racista? Te diré esto, no soy ni la mitad de atemorizante que mi hermana pequeña.”
Ella lo dejó ir. Él colapsó en un montón en el suelo.
Cuando las dos hermanas se marcharon, Victoria sacó su teléfono celular de una bolsa en su cinturón con su mano libre. Dirigiéndose a Amy, ella dijo: “Gracias”.
“Ten cuidado, Victoria. No puedo traer a la gente de entre los muertos, y una vez que hayas ido tan lejos…”
“Seré buena. Seré mejor”, prometió Victoria mientras marcaba con una mano. Ella colocó el teléfono en su oreja, “¿Hola? ¿Servicios de emergencia? Solicitud de línea especial. New Wave, Glory Girl. Criminal incapacitado para que lo recojan, sin poderes. No, no hay prisa, puedo aguantar.”
Mirando sobre su hombro, Victoria notó al rufián, todavía forcejeando y medio gateando, “¿No se va a levantar?”
“Estará entumecido de la cintura hacia abajo por otras tres horas. Su brazo izquierdo también estará blando durante ese tiempo, así que no se moverá a menos que pueda arrastrarse a sí mismo con una sola extremidad. Él también tendrá los dedos del pie entumecidos durante un buen mes más o menos”, Amy sonrió.
“En realidad no.…”
“No. No se rompió nada, y no arruiné nada, más allá de un entumecimiento temporal. Pero él no sabe eso. El miedo y la duda completarán el efecto, y la sugerencia se convierte en una profecía autocumplida “.
“¡Amy!” Victoria se rió, abrazando a su hermana con un brazo, “¿No estabas diciendo que no ibas a meter con la cabeza con la gente?”
[1] Brandish: lit. Esgrimir, blandir o empuñar, normalmente referido a un arma blanca. También puede significar lucir, presumir o alardear. Asociado a cosas brillantes como el oro y las joyas.
[2] Kaiser: Termino alemán que significa ‘Emperador’. Usado muchos gobernantes de paises de habla alemana a lo largo de la historia, como los emperadores del Sacro Imperio Romano, el Imperio de Austria o el Imperio Alemán, con el que el término está más asociado en la cultura popular.
[3]Coil: Espiral, bobina. También referido a la acción de enroscarse, usado habitualmente para referirse a la forma de moverse y prepararse para atacar de las serpientes.
[4]Squealer: Gritona, chillona. Squeal normalmente es un chillido agudo, con connotaciones patéticas o humorísticas, similar al sonido que hace un cerdo u otros animales cuando se les hace daño.
Trainwreck: Literalmente, descarrilamiento. Generalmente se usa como ‘desastre’ o para referirse a una situación o persona hechos un desastre o en sus peores momentos, como un drogadicto.
Stain: Literalmente, ‘Mancha’.
[5]Panacea: Termino exactamente igual en español, dicese de una sustancia que cura cualquier enfermedad.

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